Badalonesas III

Aquí tenéis la tercera entrega del libro Badalonesas, libro en formato digital que realicé a lo largo del 2010. Una recopilación de 100 fotografías y 100 historias de mujeres de Badalona.

Badalonesas. 3ª entrega de 7

Grupo de socias del Club Natació Badalona

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Claudia, Gina, Anna, Mónica, Rebecca y Wendy, entre 7 y 9 años

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“Nos gusta mucho venir, nos lo pasamos muy bien con las amigas, nadamos todo el año”.

Raquel Parraga, 28 años. Blanca Guerrero, 35 años. Mosses

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Raquel

“Mi sueño es ser policía científica, aplicar las técnicas más avanzadas de la dactiloscopia, en la investigación criminal. Ahora me ocupo de llevar a cabo los requerimientos judiciales a menores, muchos de ellos rumanos. Vienen de familias muy desestructuradas, no están escolarizados y viven, a veces, seis familias en un piso, en los barrios de Sant Roc y Llefià. Además soy logopeda, pero cuando acabé la carrera no me acabó de llenar. Mi hermano también es policía, yo lo admiro. Es una persona muy recta, formal y con un gran respeto por la sociedad. Ha sido un espejo en el que mirarme”.

Blanca

“Los conocimientos que ob
tuve estudiando Derecho los
 utilizo ahora siendo policía en 
el departamento de atención
 a las víctimas. La mayoría de 
las denuncias que tenemos son de maltrato de género. Especialmente de españoles, pero también de sudamericanos y marroquíes. Me toca el corazón cuando las víctimas tienen que marcharse de su domicilio e instalarse en casas de acogida con sus hijos. Sin embargo, los hijos dan fuerza a la mujer. He patrullado cuatro años en la calle, lo que comporta un cierto riesgo. Y aunque no he llegado a disparar nunca, alguna vez he tenido que sacar el arma. Para mí la seguridad de la gente es prioritaria. Me siento policía por encima de todo. No tengo miedo”.

Sadia Tanveer Butt, 23 años. Azaan, 3 años. Ibtesam,
 1 año

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“Quiero abrir una tienda para presentar mis diseños. Traer la moda de Pakistán aquí. El pañuelo que llevo en la cabeza lo diseñé en el proyecto final de carrera cuando estudiaba en Lahore. Es de seda y está pintado de rojo y azul, mis colores favoritos.

Aunque a veces la gente nos ve diferentes, somos y sentimos como la gente de aquí. Me gustaría ser como mi amiga Katerina, de Mujeres Acogedoras, que es buena y sincera y me quiere ayudar. Soy musulmana y le pido a Alá paz para todos, que no haya bombas ni atentados. Rezo para encontrar el camino recto.

La mujer aquí en Badalona es libre de trabajar. En mi país, el 95% de ellas se queda en casa. Ahmed, mi marido, también es mi primo hermano. Ya de niño me quería, pero tenía miedo de que si lo rechazaba, se le rompiera el corazón. Ahora estoy enamorada de él, porque me apoya siempre. Creo que el cuerpo de la mujer es para el marido, y no me gusta bañarme en la playa y que la gente me vea.

Tenemos dos hijos: Azaan, el mayor, es hijo adoptado del hermano de mi esposo; el pequeño Ibtesam es fruto de nuestro matrimonio”.

Mª Jesús Amez, podóloga, y su hijo Leonardo.

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“Vine con mi familia hace casi dos años. Vivimos delante del mar, en el frente marítimo de Badalona. Trabajo de podóloga. Nací en La Coruña y tengo dos hijos, pero estamos empadronados en esta ciudad. Aquí hay una gran calidad de vida, sobre todo para los niños. En nuestro edificio tenemos el índice más alto de natalidad de toda Badalona”.

Nuo Le Zhu, 19 años

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“Aquí en Badalona vi el mar por primera vez, hace tres años. Me recordó una poesía china: “Si quieres ser feliz, vive frente al mar y siempre será primavera en flor”. Frente al mar me asalta la nostalgia y echo de menos a mis amigos de Huling. A ellos les hablo del color azul de las olas y de la paz que siento sentada en la arena.

Aprendí el catalán el primer año de estar aquí. Ahora estoy estudiando segundo de bachillerato en el Instituto Barres i Ones. En mi país las escuelas son muy diferentes, son como nuestra segunda casa. Yo dormía allí y tenía muchos amigos. Aquí, no tantos.

Mis padres tenían una zapatería en Pekín pero la competencia les hizo cerrar. Mi hermano vivía con ellos. Yo, con mi abuela en Huling. Nos veíamos en verano y para el Año Nuevo chino. Mi abuela me contaba historias budistas. Hace tres años que hablamos a través del ordenador y nos vemos por la cámara instalada en él. Ahora, mi familia dirige un pequeño taller de confección con siete trabajadores. Mi madre me aconseja que sea seria en el trabajo”.

Cristina Valle, 11 años

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“Jugamos a vender con mi abuela. Ella vende y yo compro y me pruebo zapatos, muchos zapatos. De pequeñita, a los dos años, ya me ponía tacones a escondidas. Me encanta mi tienda. Se llama “Simpatía”. Me gustan su caja registradora y las clientas. La abuela me ha contado que antes las señoras ponían dinero por adelantado cada mes, para ir pagando los zapatos”.

Toni Serra, 54 años. (Segunda por la derecha) Jefa del Servicio de Políticas de Igualdad. Paquita Teruel, 63 años. (Cuarta por la derecha) Concejala de Políticas de Igualdad y Servicios Sociales

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Toni

“Hace veintiséis años enseñaba a leer y escribir en el barrio de Pomar. Era un distrito durísimo. En clase había andaluzas, extremeñas…, mujeres que me enseñaron valores como la solidaridad, la gratitud, el saber disfrutar de las pequeñas cosas o expresar mis sentimientos. Yo me emocionaba al verlas aprender. Fue una experiencia inolvidable.

Pienso que la paz es una labor de todos. Y la gran empatía que tenemos las mujeres nos ayuda a comprender las razones del otro, es como una autopista hacia la tolerancia. A veces nosotras nos exigimos demasiado: ser buenas profesionales, buenas madres, buenas amantes, buenas psicólogas…Pero a medida que conseguimos autonomía nos volvemos más solidarias y los problemas personales no ocupan tanto”.

Paquita

“Mi padre me decía: “Hay que tener ideales por los que vivir y ser fieles a ellos”. Era una bellísima persona que colaboraba en todas las tareas de la casa. Se ocupaba, por ejemplo, de bañarme cada día y fue él quien me inició en la lectura. Recuerdo que cuando me enseñaba la historia de los Reyes Católicos insistía en aquello de “tanto monta…”.

Mi sueño sería vivir en una sociedad sin violencia, donde la igualdad entre hombres y mujeres fuera reconocida por todos. Por ese objetivo trabajo cada día.

La Concejalía ha impulsado un grupo de mujeres denominado Mujeres Acogedoras, las cuales dedican parte de su tiempo a mejorar la convivencia entre las mujeres de distintas culturas que hoy conviven con nosotros. Imparten talleres, les enseñan nuestro idioma, intercambian servicios, son amables, comprensivas, cariñosas e inteligentes. No resulta extraño que la gente que ha venido de fuera las quiera tanto. Porque, al fin y al cabo, las emigrantes luchan por los mismos valores que nosotras”.

Asociación de Mujeres de La Morera. Soledad (cuarta por la derecha) es la presidenta

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“Hace tres años que organizamos estas “botifarrades”. Se han comprado 310 butifarras y hemos preparado 50 litros de sangría. Vendrá gente de todos los barrios, unas trescientas personas en total. Las socias llevamos en el pecho una flor rosa, realizada por el grupo de mujeres del taller de puntillas. Nos divertimos mucho”.

Natasha Saeed y su familia. Pakistán

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“En la escuela llevo velo porque es la costumbre de las mujeres de nuestro país. Allí ellas están muchas horas en casa y no trabajan. He cumplido los quince años y con mis hermanas Anan, de catorce, y Sana, de doce, vivimos con la familia en el barrio de La Salut. Quiero ser doctora para ayudar a los demás. A Sana le gustaría ser policía. Llegamos aquí hace poco más de un año. Mi padre trabaja de gruista, mamá se ocupa de nosotras y de Zeeshan y Usman, mis hermanos. Hablo el catalán, mi amiga Fátima me ayuda mucho, el castellano me resulta muy difícil. A nosotras nos gusta pasear por la playa, ir al Fórum, saltar a la cuerda y jugar al baloncesto.

A veces mi corazón quiere cosas que no puedo tener,
 porque son caras. De todas maneras, vivo mejor que en Pakistán. A las cinco de la mañana empiezo mis oraciones a Alá. Le pido paz y me siento bien después. Rezo cuatro veces más al día. Cada tres semanas mis padres y hermanos llamamos por teléfono a la otra familia de Islamabad. Tengo muchos primos allí. Me gusta comer “coyab”, una especie de pastel de patatas, cebollas, perejil, pimientos y huevos, aderezado con muchas especias, acompañado de té pakistaní”.

Teresa Almera y su familia

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“La Bombonería Almera tiene más de sesenta años. Fue la primera en Badalona, y durante muchos años la única. La inauguró mi abuelo y nosotros seguimos todas las tradiciones a la hora de elaborar los bombones y los turrones. Eso sí: intentamos innovar en calidad y diseño. Antes gustaba más el dulce, ahora se han introducido los cítricos como el chocolate con naranja o limón. Aunque nuestra especialidad es la crema de jijona y chocolate con jijona. Los clientes se mantienen de generación en generación”.

Nuria Cisa, 8 años

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“Estudio tercero de primaria, me gustan las ciencias naturales, a mi muñeca le canto: “sol, solet…””.

Maribel, 48 años. Inspectora de la Guardia Urbana

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“Creo en el diálogo: en veintiséis años no he tenido que sacar nunca la pistola, una 9 mm Parabellum. De hecho, escogí esta profesión porque me gustaba la atención al ciudadano. Mi padre era bombero y en la familia dos de mis tíos eran guardias urbanos. Coordino los servicios de inspección de los distritos VI y VII: barrio de Artigues, Sant Roc, Congrés, Gorg, Can Claris y Progrés. Es la zona cuatro. Soy consciente de mi responsabilidad.

En Badalona conviven muchas culturas. Hemos de conocerlas mejor, porque cuando hay entendimiento no hay miedo. A veces te encuentras con familias muy desestructuradas y la infancia es vital para el futuro de una persona. De todas maneras, la mayoría de los inmigrantes ha venido a trabajar. No se les puede penalizar, porque principalmente los delitos son cometidos por gente autóctona”.

Mujeres de diferentes asociaciones de Badalona

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“A las mujeres de Badalona no nos gusta aburrirnos. Hoy nos reunimos para ver en el cine de la plaza de la Vila la película Agua”.

Anna, Marina, Ainoa Jing y Claudia, 6 años. Colegio Sant Andreu. Día de la Mujer Trabajadora

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“En la clase hemos hecho unos dibujos contra la violencia a las mujeres. Cuando un hombre hace daño a una señora está muy mal, porque eso no se hace. Es de mala educación”, dice una.

Irene Veigas y Roser Planas, 10 años. Conservatorio de Música

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“La flauta es muy especial. Basta con tocar algo alegre para que parezca un día de fiesta. Me gusta el himno de Europa, aunque a veces se escapan los dedos. A Roser cuando ensaya le parece que está actuando en un gran concierto”.

Mar Heredia, 11 años. Conservatorio de Música

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“Soy feliz tocando el violonchelo. Por eso quiero continuar estudiando, aunque aún me falten cinco años. Los profes dicen que lo hago muy bien, así que a lo mejor me dedico a la música. Pero, la verdad, aún no lo sé, pues cuando era más pequeña quería ser carnicera y luego farmacéutica.

Según tu edad hay una medida de chelo. Ahora yo tengo un 3/4, pero hay 1/4 para los pequeños, 2/4, 3/4 y 4/4”.

Podéis descargar esta parte del libro Badalonines (en catalán) haciendo clic aquí.



Una respuesta a “Badalonesas III”

  1. Maria Jesús Calbet dice:

    PRECIOSO TODO, NECESITO TIEMPO PARA SABOREARLO DESPACITO…

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