Los días en la sociedad minangkabau de Sumatra transcurren con armonía. Vivimos en la aldea de Patangahan en una casa rodeada de campos de arroz. Con Ángels, Alex, Mónica, Ayla, Mari, Alba y Eli, los viajer@s, festejamos nuestra llegada invitando a los vecinos y amigos.

Eti nos ha preparado el plato tradicional “randang”, carne de vaca cocinada con leche de coco, cúrcuma, jengibre, ajo y cebolla. Delicioso!!! Durante la fiesta hay bullicio, fotos y juegos de cartas. Y este compartir las costumbres matriarcales donde el “ser” es más importante que el “tener”.

Aquí la vida es sencilla y las personas amorosas y acogedoras. El grupo es aventurero y gusta de realizar excursiones. Hace poco subimos al volcán Merapi, cuna de esta comunidad. Durante la escalada cantamos canciones tradicionales y sentimos esta paz que nos envuelve, porque las mujeres y hombres de esta comunidad nos llegan al corazón con su humilde generosidad.

En cada momento hay algo que conocer: la visita al palacio de la mítica reina Bundo Kanduang, madre del pueblo minangkabau. Harau Walley y la catarata, la isla paradisíaca de Swarnadwipa, el concurso de cocina en el Ayuntamiento, la clase de nutrición de Vonni, la visita a la aldea de Palupuh para ver la raflesia, una de las flores más grandes del mundo…

Sensaciones y colores que nos acercan a la población, donde las mujeres heredan la tierra, la casa y los objetos valiosos de la familia (la pusaka), el consenso es la base que estructura esta sociedad islámica y la naturaleza una maestra que guía.

Mañana seremos los invitados a una boda tradicional….