En casa. Badalonesas

He regresado a Barcelona. Ahora descanso del viaje a Sumatra y de esta sociedad minangkabau que tanto me ha fascinado. Dejo reposar las vivencias y me sumerjo en la grata sensación de estar de vacaciones en un lugar conocido, en un espacio donde no tengo que esforzarme para aprender una realidad nueva. Estoy contenta con la labor documental que he realizado: con las imágenes de la pequeña cámara de video profesional, con las fotografías, las entrevistas, el trabajo de campo y finalmente con el análisis de las reflexiones y las dudas que han surgido… En setiembre comenzaré a elaborar el nuevo documental.

Ahora, mientras pasa el verano os quiero mostrar dos trabajos que ya he publicado anteriormente y por los que siento un gran cariño. El primero: Badalonesas, libro en formato digital que realicé a lo largo del 2010, es una recopilación de 100 fotografías y 100 historias de mujeres de Badalona. Una radiografía del modo de ser y sentir de las badalonesas que conforman una visión profunda de nuestra sociedad. El proyecto lo preparé para el Ayuntamiento de Badalona (concejalía de la mujer).

El segundo: La mujer y Dios, viaje a través de la espiritualidad de la mujer en el mundo, lo fui recopilando a lo largo de diez años, mientras efectuaba otros reportajes como fotoperiodista.

¡Sinceramente espero que os gusten! Os deseo lo mejor para el verano.

 

Badalonesas. 1ª entrega de 7

Rosita Queralt, 85 años

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Recuerdo las primeras verbenas del antiguo Club Natació en 1933, con la orquesta de Ramón Evaristo, las gardenias en el pelo, los vestidos de percal… Allí asistía el “floret” de Badalona. Me viene a la memoria el primer patín de vela que construyeron los hermanos Monge aquí en la asociación. A los siete años mi padre ya me llevaba al mar. Era una bellísima persona y creo que siempre, aun después de muerto, me protege. Muy pronto empecé a nadar. Todavía hoy conservo la caseta número 4 de los vestuarios. A mí, el mar me lo ha dado todo.

Tengo tres hijos, seis nietos y una biznieta, y cada día al mediodía vengo al club (de cuya junta fui miembro desde 1987 hasta 1995) hasta la hora de comer. Hago vida social. Disfruto de la amistad con todos. Formamos un grupo de amigas badalonesas, con las que comparto actividades y placeres. Vamos a exposiciones, viajamos, nos lo pasamos muy bien. No soy coqueta pero me gusta ir bien arreglada. Siempre quise estudiar medicina pero eran otros tiempos y en la familia me ocupé de un colmado. Hace dos meses me quedé viuda y echo de menos a mi marido, el trabajo que me daba. Veo el futuro muy largo y creo que para ser feliz has de ser honrado, noble y estimarte. Si tú te quieres, apreciarás de verdad a los demás”.

Gina Ramia, 7 años

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“Nado a crol y mariposa cuando vengo al club. Hago unas cincuenta piscinas. Me gusta estar con los amigos y jugar al americano. Lo paso muy bien y salgo muy relajada. Estudio tercero de primaria”.

Esther Sancho, 29 años

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“Cuando estaba embarazada les cantaba canciones de navidad como aquella de “què li darem al noi de la mare…” y parecía que se quedaban quietecitas y tranquilas. Ahora, cuando miro a mis hijas me emociono. Son perfectas, no tienen ningún defecto. Espero ser una buena madre y que mis hijas me quieran, me siento aún muy niña, pero sé que saldré adelante. Todas las mujeres de la familia tenemos en común que no cambiaríamos Badalona por nada del mundo. Necesitamos el mar, el ruido de las olas, el aire, acariciar la arena. El mar es terapéutico. El mar te calma. Soy psicóloga”.

Pepita Grau, 76 años. Abuela de Esther

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“Durante la guerra, todavía recuerdo con miedo el ruido de las bombas al explotar. Las sirenas, los aviones, el peligro mientras corríamos con mi madre hacia el refugio en los sótanos del ayuntamiento. Después, el hambre. Solo teníamos ganas de llorar. Soy muy sentida y me hace daño ver sufrir a la gente. Me gustaría que todo el mundo estuviera contento. Que no existieran las guerras. Mis biznietas me parecen un milagro”.

Mª Carmen Vegara. Restaurante El Dofí

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“Con la ayuda del mar me curé. Hace siete años me detectaron un cáncer de mama. La “quimio” fue dura pero no necesité ninguna ayuda psicológica. Durante la enfermedad, cuando me alejaba del mar perdía todas mis fuerzas. Creo que se podría vivir solo del aire del mar.

Soy la encargada del restaurante y, aunque vivo en el barrio de Llefià, a las siete y media de la mañana ya estoy aquí. En El Dofí se han filmado muchas películas y series de la tele”.

Carmen Lorente, 77 años. Madre de M.a Carmen

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“Llegué a Badalona en 1947, con mi padre. Mi madre y mis dos hermanas se quedaron en Murcia. La familia se dividió. De jovencita iba a “servir” a casa del doctor Murillo y del señor Padrós. Me apreciaban mucho. En 1951 me enamoré de un chico de Alicante y me casé con él. Trabajaba en la fábrica Cross de productos químicos. Tuve tres hijos: José Manuel, Carmen y Conchita. Cuando los niños eran pequeños, después de prepararles la comida y arreglarlos para ir al colegio, me iba a hacer faenas: estuve trabajando diecisiete años en Can Barriga”.

Silvia Lara, 26 años

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“Me casé hace unos meses en
 Luque (Córdoba). En la Iglesia
 de Nuestra Señora de la Asunción. Fue una boda rociera a la
 que asistieron 190 invitados. 
Mis abuelos maternos son de
 allí y yo desde pequeñita los
 visitaba de vacaciones. Allí 
conocí a mi marido, con el 
que solíamos salir en grupo 
desde los catorce años y al
 que siempre consideré uno
 de los chicos más guapos y atractivos del pueblo. Ahora vivimos en el barrio de Llefià, con gente sencilla y trabajadora de todas las provincias de España. Hay una buena relación con la emigración. De hecho, en el pabellón deportivo de la zona se celebra el Ramadán. Compramos aquí nuestro piso de 67 metros cuadrados, que nos costó 48 millones. De momento no pensamos tener hijos.

He estudiado periodismo y hasta hace poco trabajaba en diversos medios de comunicación. Ahora he empezado un nuevo trabajo en la empresa Tusgsal. Con mis amigas nos apuntamos a un bombardeo, nos gusta salir a bailar a la Carpa de Titus. Aquí en Badalona todos nos conocemos”.

Las hermanas Corral

Manoli y Virginia, 57 años. Antonia, 62 años

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“Formamos una familia matriarcal. La pareja es muy importante, pero la sangre es la sangre. Manoli y yo somos mellizas, Antonia es nuestra hermana mayor. Tenemos cuatro, tres y tres hijos; y nuestra familia se mantiene unida porque no le damos importancia a lo negativo. Valoramos mucho más lo positivo. Nuestros hijos es como si tuvieran tres madres y nosotras los queremos a todos por igual.

Somos resultonas, nos encontramos guapas dentro de nuestros kilos. La badalonesa es coqueta, elegante y presumida. Compramos en la calle del Mar, donde la gente es acogedora y cálida. Según seas te tratan. Las tres nadamos muy bien. Nos gusta hacer “chinitos” (sacar las puntas de los dedos de los pies fuera del agua) y nunca nos enfadamos. Creemos en la buena gente. Hubo un tiempo en que íbamos a menudo a Montserrat y al llegar le decíamos a la Virgen: ¡Ya estamos aquí, Montse!.

Yo trabajo como especialista en una empresa de tratamiento de aguas, Virginia es supervisora y Antonia regenta una peluquería en el “casal d’avis” de Pep Ventura, donde está prohibido el cotilleo y las conversaciones sobre enfermedades. Las tres colaboramos como actrices en anuncios para la televisión pero sobre todo intentamos disfrutar cada momento”.

Podéis descargar esta parte del libro Badalonines (en catalán) haciendo clic aquí.

 



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